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janeiro 03, 2005
CUATRO GARANTÍAS DE NEGOCIACIÓN CON TURQUÍA Y UNA CONSTITUCIÓN
«Como declaró el presidente de la Comisión Europea, la adhesión de Turquía no es en absoluto asimilable a la de los demás y plantea a la Unión Europea unos problemas desconocidos hasta la fecha»
La opinión pública europea se ha apasionado por la cuestión de la apertura de las negociaciones de adhesión con Turquía porque pone en juego la visión de Europa en el siglo XXI: ¿debe la Unión Europea seguir siendo un instrumento para pacificar y democratizar el continente y su entorno mediante su ampliación continua o debe en adelante constituir un actor global de primer orden capaz de actuar al unísono en el nuevo equilibrio mundial? Tras interrogarse sobre la amplitud del desafío para la UE de una integración política y económica de Turquía y sobre su compatibilidad con el proyecto de una Europa política homogénea y coherente, un gran número de ciudadanos europeos ha tenido la impresión de que las elites no les escuchaban y de que su destino se les escapaba, en el momento en que éstas les proponían asumirlo adoptando un tratado constitucional. Su malestar democrático frente a esta contradicción corría el riesgo de llevarles a un importante contrasentido y a rechazar una Constitución indispensable para reforzar la Europa política.
El Consejo Europeo de Bruselas, celebrado el 16 y 17 de diciembre, demostró que los jefes de Estado y de Gobierno habían escuchado a las opiniones públicas. En efecto, subordinó el inicio de las negociaciones de adhesión con Turquía a cuatro garantías sumamente fuertes, dirigidas a reducir las inquietudes. En primer lugar, la UE no ha cedido un ápice sobre las exigencias y las condiciones de adhesión. Al igual que para los anteriores países candidatos, la negociación no conduce a un compromiso en el que la UE deba ceder la mitad del terreno, sino a una aceptación íntegra de Turquía del acervo comunitario con, llegado el caso, algunas flexibilidades transitorias. El proceso de reformas deberá ser irreversible, en especial en el ámbito de los derechos humanos, bajo el seguimiento de la Comisión. Una vigilancia especial se ejercerá sobre la aplicación de los seis paquetes legislativos identificados por la Comisión, en especial la reforma del código penal y del código de procedimiento penal, así como sobre la política de tolerancia cero contra la tortura. Conforme al principio de reconciliación que está en la base de la construcción europea, Turquía deberá reconciliarse consigo misma y con sus vecinos, en especial Grecia, Chipre y Armenia.
En segundo lugar, el marco de negociación, aplicable asimismo a los demás países candidatos de los Balcanes Occidentales, ha sido reforzado para que los Estados miembros conserven el control total del proceso de negociación. Como declaró el presidente de la Comisión, la adhesión de Turquía no es en absoluto asimilable a la de los demás y plantea a la UE unos problemas desconocidos hasta la fecha. La negociación de Estado a Estado, por unanimidad, garantiza que cada Estado miembro podrá, al igual que en el pasado, interrumpir en todo momento la negociación. La negociación de los distintos capítulos se realizará de forma sucesiva y ya no por paquetes, asegurándose que tiene lugar la aplicación efectiva de cada capítulo y ya no sólo de un compromiso para aplicar la legislación adoptada. Un control colectivo de la cuestión política autoriza al Consejo, en caso de violación grave y persistente de los derechos humanos, a suspender las negociaciones por mayoría cualificada, a iniciativa de la Comisión o de uno de los Estados miembros. Podrían introducirse unas cláusulas de salvaguardia permanente, es decir que pueden ser invocadas en cualquier momento como bases para unas medidas de salvaguardia, en ámbitos como la circulación de personas, las políticas estructurales o la agricultura. Las negociaciones, que serán largas, no podrán concluirse, como muy pronto, antes del establecimiento de un nuevo marco financiero después de 2014.
En tercer lugar, la negociación es un proceso abierto que no conduce automáticamente a la adhesión. Una cláusula de precaución especifica que, aunque la adhesión es el objetivo común, no se puede garantizar por adelantado su resultado. Si la adhesión no se produce conforme al conjunto de los criterios de Copenhague, se buscará otra salida bajo la fórmula del mayor vínculo posible entre Turquía y la UE. La referencia al conjunto de los criterios de Copenhague incluye no sólo la capacidad del país candidato para respetar íntegramente sus futuras obligaciones como Estado miembro, sino también la capacidad de la Unión para asimilar nuevos miembros siempre que se mantenga el desarrollo de la integración europea, criterio que ha recordado el Consejo Europeo. En otras palabras, la opción del mayor vínculo posible podrá ser utilizada en dos hipótesis: la imposibilidad de la Unión para integrar a Turquía o el hecho de que ésta ya no pueda o no quiera entrar en la Unión. Dicha fórmula evita que ambas partes se encuentren en una situación de «todo o nada» en caso de imposibilidad de realizar la adhesión, ofreciendo dos perspectivas de progreso en relación con el statu quo alcanzado con la unión aduanera aprobada en 1995.
En cuarto lugar, el pueblo de cada Estado miembro tendrá la última palabra sobre los resultados de las negociaciones ya que el tratado de adhesión deberá ser ratificado por los Parlamentos nacionales o por referéndum por los Estados miembros de forma unánime para entrar en vigor. En Francia, la revisión de la Constitución que será aprobada por el Congreso en la primavera de 2005, previamente al referéndum sobre el Tratado Constitucional que probablemente tendrá lugar antes del verano, dará a los franceses la garantía, prometida por el presidente de la República, de poder pronunciarse directamente a través de referéndum, llegado el momento, sobre la adhesión de Turquía a la UE.
Todo este conjunto de garantías deberá permitir abordar el referéndum de 2005 sobre la Constitución evitando que se mezclen las cosas. En efecto, el peor contrasentido sería que unos ciudadanos partidarios de la Europa política se equivocasen de referéndum: el de la Constitución será una oportunidad única para afirmar esta gran ambición, mientras que el de la adhesión de Turquía permitirá jugar más tarde la compatibilidad entre ambos proyectos.
Pierre Lequiller es diputado de la UMP y preside la Delegación para la Unión Europea de la Asamblea Nacional francesa
Publicado por esta às janeiro 3, 2005 12:45 PM