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novembro 02, 2004
La firma de la Constitución Europea abre paso a un incierto proceso de ratificación en los Estados
Once países piensan convocar a sus ciudadanos a las urnas para pedir su visto bueno a la Carta Magna, y sólo en el caso belga el resultado no será vinculante
Los líderes de la Unión Europea (UE) firmaron ayer el Tratado constitucional y abrieron un incierto proceso de ratificación, que implicará la celebración de referéndums en al menos 11 de sus 25 Estados miembros. El tono del debate sobre Europa en países como Francia, el Reino Unido, Dinamarca u Holanda hace temer por la entrada en vigor de la Carta Magna a finales de 2006 ó en 2007. La crisis de la Comisión Europea contribuyó a atenuar el tono festivo de la ceremonia solemne de la firma en la misma sala del Capitolio romano donde en marzo de 1957 seis países fundaron la Comunidad Económica Europea (CEE) y Euratom.
Once países piensan convocar a sus ciudadanos a las urnas para pedir su visto bueno a la Constitución Europea: España, República Checa, Reino Unido, Dinamarca, Francia, Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal, Bélgica (aunque su resultado no es vinculante), Lituania y Polonia.
Los restantes parecen inclinarse por la vía parlamentaria, en algunos casos porque su Constitución impide un referéndum (Alemania) y en otros todavía es objeto de discusión, como en Italia.
Al igual que José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente francés, Jacques Chirac, anunció ayer formalmente que acudirá al Tribunal Constitucional para un dictamen sobre la probable revisión constitucional a que obligará la adopción de la Carta Magna europea, que será objeto de un referéndum en 2005.
El británico Tony Blair se inclina por llamar a sus compatriotas a las urnas en el primer semestre de 2006, para que esta comprometida cita no interfiera con su Presidencia de turno de la UE durante el segundo semestre de 2005. Los analistas políticos británicos asocian ya esta consulta con el final o la consagración de la carrera política del primer ministro que inventó la «tercera vía» y que intentó situar al Reino Unido «en el corazón de Europa».
Un salto adelante
La Constitución Europea es la culminación de muchas aspiraciones y esfuerzos, que arrancaron en los días posteriores a la Segunda Guerra Mundial, un inmenso baño de sangre que, además, terminó con la supremacía europea en el mundo.
Los historiadores sitúan el inicio oficial de la aventura de la integración europea el 9 de mayo de 1950, con la llamada «declaración Schuman», nombre del ministro de Asuntos Exteriores francés que llamó a «poner el conjunto de la producción franco-alemana de carbón y de acero bajo una Alta Autoridad común, en una organización abierta a la participación de otros Estados europeos». Esa iniciativa dio lugar a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA, 1951), a la que se añadieron en 1957 la Comunidad Económica Europea (CEE) y Euratom. Luego vinieron el Acta Única (1986), los tratados de Maastricht (1991), de Amsterdam (1997) y de Niza (2000), mientras el club europeo crecía de seis hasta los actuales 25 países miembros.
«Si hay algo que esta ceremonia certifica es la facultad de Europa de renovarse incesantemente. Tras los años oscuros de la Segunda Guerra Mundial, tomamos conciencia de que sólo podíamos construir una vida hecha de libertad, de paz y de prosperidad si conjugábamos nuestros esfuerzos», manifestó en la ceremonia solemne el presidente de turno de la UE, el holandés Jan Peter Balkenende.
«Imbrogglio» italiano
La solemnidad de los actos en el Capitolio contrastaba con el ambiente de comedia de enredo italiano que dominaba la cita de Roma. El presidente designado de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, aprovechó la cita para realizar una primera ronda de entrevistas breves con los jefes de Gobierno, cuyos comisarios designados fueron objeto de más críticas en el Parlamento Europeo. Estas críticas desembocaron el pasado miércoles en la decisión de Barroso de no someter su Ejecutivo a votación, consciente de que no tenía apoyos suficientes.
«Necesitamos más tiempo para discutir con algunos primeros ministros, de modo que pueda obtener mejores opciones; estoy seguro de que puedo conseguir un buen equipo, incluso uno mejor, que pueda merecer un apoyo amplio» de la Eurocámara, dijo el presidente del Ejecutivo.
Fuentes de la Comisión Europea estimaron que la posibilidad de disponer de un nuevo Ejecutivo en «menos de un mes», como apuntó Durao Barroso anteayer, «es una perspectiva muy voluntarista» y que «si lo conseguimos antes de Navidad ya estará bien».
El destino del italiano Rocco Buttiglione es una de las claves, aunque no la única, de este «imbrogglio» y ayer aumentaron los rumores que apuntaban a una renuncia inminente al cargo en Bruselas, que se habría demorado unos pocos días para no interferir en la solemnidad de la cita constitucional. El matiz introducido por su ministro de Asuntos Exteriores, Franco Frattini, indicando que el político democristiano es su candidato «en este momento» parece indicar «una apertura», especularon fuentes de la Comisión.
Publicado por esta às novembro 2, 2004 10:22 AM